Aún por el más pequeño

Juan Falk era muy conocido por su amor a los niños que tenía bajo su cuidado, y se cuentan varios episodios muy curiosos de su vida. Uno de ellos relata que estaban cenando con unos niños y un muchacho hizo la oración usual: “Ven Señor, sé invitado a nuestra mesa y bendice lo que Tú nos has dado”.

Después de la oración, un pequeño de tres años dijo:

– ¿Por qué el Señor Jesús no viene nunca? Le pedimos cada día que venga a comer con nosotros y nunca viene.

– Hijo – dijo Falk – puedes estar seguro de que vendrá. Él nunca menosprecia nuestra invitación.

– Pues cuando venga quiero que se siente en mi silla – dijo el pequeño.

Aún no había terminado de pronunciar estas palabras cuando alguien llamó a la puerta. Era un muchacho