¿Cuál es tu intención?

La biblia nos enseña que Dios pesa los corazones de las personas, pues conoce cuál es la intención de cada acción que realizamos. Me encanta la idea de que sea así; me da mucha paz pensar que el Todopoderoso me juzgue con base en el propósito interno de mis actos; sin embargo estoy convencido que los seres humanos no podemos medir a los demás con el mismo parámetro. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla, las personas no tenemos la capacidad de identificar las intenciones de los demás, lo único que podemos percibir son sus actos y sus palabras.

Confiar en la rectitud de nuestras intenciones es uno de los grandes errores que cometemos y que más perjudican las relaciones personales. Esto se debe a que por lo general nos juzgamos con base en nuestras intenciones, pero a los demás por sus acciones..

Las personas no pueden juzgarnos con base en los deseos de nuestro corazón, sino basados en nuestras actitudes, acciones o incluso omisiones.

En el momento que reconozcamos esta situación y aprendamos que lo verdaderamente valioso para nuestras relaciones es cómo tratamos a los demás, qué resultados damos y no qué pensamos o sentimos por ellos, daremos un primer gran paso para mejorar, no sólo nuestras vidas sociales y laborales, sino también el ambiente que generamos alrededor nuestro.

Reflexionemos acerca de cuánto estamos haciendo por los demás; hagamos un acto de consciencia y llevemos nuestros propósitos a la acción. Atrevámonos a expresar nuestro cariño; invirtamos tiempo en la gente que es importante para nosotros; pongamos más atención en los detalles; escuchemos atentamente a los demás cuando nos hablan; organicemos nuestras vidas para dedicar más tiempo a lo verdaderamente valioso; invirtamos nuestro dinero en lo que realmente vale la pena en lugar de malgastarlo o esconderlo codiciosamente bajo el pretexto de ahorrar.

La vida es muy corta para desperdiciarla en intenciones, mejor disfrutemos y transformemos nuestro entorno con acciones que muestren lo que hay en nuestro corazón.

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