Dios examina y restaura todo

Hace unos días fui al médico por un problema en los oídos. Pensé que solo me los examinaría, me daría alguna medicación y podría irme de allí. No obstante, el doctor revisó otros órganos de mi cuerpo también. Al pasar por esta experiencia me puse a pensar en que Dios hace lo mismo con nuestras vidas. Acudimos a Él por una u otra razón; sin embargo, Dios nunca se conforma con tratar una sola área de nuestra vida. Él quiere transformarla por completo. El problema está en que muchas veces no dejamos que eso ocurra.

Inconscientemente, escondemos cosas que no queremos dejar ir. Queremos que Dios nos ayude en nuestra salud y economía, pero no queremos entregarle nuestro carácter. Queremos que nos ayude a solucionar nuestros problemas, pero nos cuesta entregarle nuestros malos hábitos. Pensamos que Dios puede producir un cambio en nuestra vida solo si le damos aquello que nosotros queremos, y no lo que Él nos pide.

Hay un himno antiguo llamado Todo a Cristo yo me rindo, escrito por Judson W. Van Deventer y compuesto por Winfield S. Weeden, en el año 1896. Sus letras dicen:

Todo a Cristo yo me rindo
Con el fin de serle fiel;
Para siempre quiero amarle,
Y agradarle solo a Él.
Coro:
Yo me rindo a Él,
Yo me rindo a Él,
Todo a Cristo yo me entrego,
Quiero serle fiel.

Todo a Cristo yo me rindo,
Y a sus pies postrado estoy,
Los placeres he dejado,
Y le sigo desde hoy.

Todo a Cristo yo me rindo,
Sí, de todo corazón;
Yo le entrego alma y cuerpo,
Busco hoy su santa unción.

Todo a Cristo yo me rindo,
Siento el fuego de su amor,
¡Oh, que gozo hay en mi alma!
¡Gloria, gloria a mi Señor!

Una frase que se repite en la canción es “todo a Cristo yo me rindo”, en ninguna parte dice “todo lo que me conviene a Cristo yo me rindo”. Hay una diferencia enorme entre entregar nuestra vida en partes a Jesús, y darle todo. Dios no quiere examinar una sola área de nuestra vida, Él quiere ser el Señor y rey en nuestra existencia. Como un buen médico, Él quiere sanar, curar y redimir aquellas partes de nuestra vida que necesitan tratamiento.

Si realmente queremos experimentar un cambio real en nuestras vidas, aprendamos a rendirlo todo a Dios.


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